En esta sección, encontrarás extractos de las enseñanzas del Maestro Ecknath Easwaran. El fundó la Montaña Azul (Blue Mountain Center of Meditation), un centro de meditación en Estados Unidos. Toda la información relativa a las actividades que se realizan en este centro, junto con toda la bibliografia disponible, la puedes encontrar en este link:

www.bmcm.org

Iremos añadiendo periódicamente instrucciones para aprender a meditar. 

  "Si se encamina por la senda de la meditación (y de veras espero que lo haga) , siga con atención los principios que aquí figuran. Léalos una y otra vez hasta que le resulten totalmente familiares. Quizás haya oído la expresión: “Cuando todo lo demás falle, siga las instrucciones”. En la meditación pueden evitarse la mayor parte de las dificultades si se respetan las instrucciones desde el comienzo. Sé por propia experiencia, verificada por los místicos de todos los países, que al meditar entramos en un nuevo reino o, para hablar con mayor propiedad, entramos con mirada consciente, en un reino que ya es el nuestro (muchos se refieren a esto diciendo que la meditación es un camino de regreso a casa). Para hacer esto, protegidos y seguros, necesitamos un guía. Estas instrucciones le servirán de guía."

 "Usted está por embarcarse en el más extraordinario de los viajes, la aventura más exigente y gratificadora abierta a un hombre o una mujer. No he tratado de ocultar el hecho de que resulta difícil aprender a controlar la mente; la cosa más difícil del mundo. Pero quiero recordarle siempre que lo que está buscando es maravilloso más allá de toda comparación, algo cuya traducción en palabras o pensamiento escapa a mi capacidad o la de cualquier otro. Deseo de todo corazón que usted alcance el objetivo y espero que tenga el mayor de los éxitos."

Ecknath tiene tambien varios audiolibros en itunes, recomiendo "MEDITACION: A practical guide

EL MOMENTO

El mejor momento para meditar son las primeras horas de la mañana. En un país tropical como la India, las “primeras horas” significa muy temprano, a veces las tres de la mañana, en los Ashrams (monasterios) tradicionales. Pero en un clima más templado, diría que de cinco a seis es la hora tradicional para comenzar, según su programa de actividades. Empezar el día temprano le permite realizar una corta caminata o hacer algo de gimnasia, meditar y luego desayunar sin prisa con su familia o amigos. Lo prepara para sentirse relajado durante el resto de la jornada.

El alba trae frescura, renovación. Los pájaros y demás criaturas lo saben; nosotros, los reyes de la creación, parecemos no sentirlo. Conocí a unos pocos estudiantes que se levantaban muy tarde. Le tomé el pelo a uno de ellos, diciéndole: “¿Has visto alguna vez un amanecer?”. Él me respondió avergonzado: “Yo no, pero un amigo mío lo vio una vez”.

Al principio, es verdad, debe resultar difícil dejar la cama en cuanto despuntan los primeros rayos del sol, sobre todo cuando hace frío. Para la gente joven tengo una simple sugerencia; ¡ levantarse de la cama de un gran salto ! No piensen: limítense a actuar. La gente mayor, por supuesto, puede deslizarse más despacio fuera de la cama. Pero también deberán estar levantados a una hora razonablemente temprana, no después de las seis. He encontrado una buena ayuda para levantarme temprano : acostarme temprano. No me refiero al atardecer o a las ocho de la noche, pero las diez me parece una hora razonable y saludable para ir a la cama; algo intermedio que evita excesos.

Siempre que olvidaba tener un mandado para mi abuela, ella me preguntaba; “¿Te olvidaste alguna vez de tomar desayuno?”. No, tenía que confesar. Nunca lo olvidé ni tampoco ningún otro conocido mío.  Haga un trato con usted mismo : sin meditación no hay desayuno; y no se olvidará de meditar. 

También resulta útil meditar todas las mañanas a la misma hora. Se convertirá en un reflejo. A las 05.30 sentirá un tirón en la manga, un aviso de que tiene que levantarse y prepararse para su meditación.

Para los que empiezan a meditar, media hora es el tiempo necesario. Menos que esto resultará insuficiente, más puede ser perjudicial. Quiero recalcarlo: no se le ocurra, en un arranque de entusiasmo, llevar su período de meditación a una hora o más, porque esa práctica lo expone a peligros.

¿Qué peligros? La mayoría de la gente no tiene mucha concentración; mientras todavía están aprendiendo a concentrarse, permanecerán en el nivel superficial de la conciencia. Pero unos pocos poseen una capacidad innata para sumirse profundamente en su interior. Y una vez que atraviesan el nivel de la superficie se encuentran en un mundo desconocido. Es como un desierto, pero en lugar de arena se encuentra allí con tendencias psicológicas latentes, fuerzas terriblemente poderosas. Y está parado en ese vasto desierto sin una brújula. Se enfrenta con fuerzas que no está preparado para manejar, y su vida diaria puede verse afectada en forma negativa.

Por lo tanto, limítese por favor a media hora por la mañana y no aumente el tiempo sin el asesoramiento de un maestro experimentado. No aliento a los que meditan conmigo a que aumenten el tiempo de meditación antes de haber investigado sus pautas de vida cotidiana y asegurarme de que ponen en práctica los otros siete pasos de este programa. Si quiere meditar más tiempo, tiene media hora por la noche antes de acostarse.

Una vez se me acercó alguien con el ceño fruncido:

-esta mañana me excedí de la media hora. ¿ Me habré dañado el sistema nervioso ?

-¿Cuanto tiempo se excedió?

-cinco minutos

Bueno, no puede pasarle nada si medita cinco o seis minutos más. Pero no medite cinco minutos menos.

En realidad conviene no preocuparse por la hora durante la meditación en sí. Cuando toma conciencia de la hora es porque se ha cruzado un elemento de distracción. Pasados doce minutos, algunas personas piensan: “Sólo faltan dieciocho minutos”. O miran el reloj a cada rato. Cuando empiece a meditar, olvídese de la hora. No es necesario estar controlando el reloj; con la práctica aprenderá muy bien a cronometrar su meditación. 

Por supuesto que disponer de un lapso prolongado para meditar lo ayuda a despreocuparse del momento en que debe terminar. ¡Otra buena razón para levantarse temprano! En esta forma sus obligaciones no se le vendrán encima. Veintinueve minutos para meditar, catorce minutos para el desayuno, ocho minutos para disponer algo antes de salir; ya conoce la historia. Dese tiempo para todas las actividades básicas.

¿ Que no tiene tiempo ? ¿ Que siempre sale corriendo ? Muy sencillo ¡Levántese 45 minutos antes!  15 para lavarse y prepararse y 30 para concentrarse y meditar. 

 

EL LUGAR

Es conveniente tener una habitación de la casa dedicada solo a su meditación, una habitación que comenzará a tener fuertes afinidades espirituales con usted. Al oír esto la gente a veces objeta: “¿Una habitación separada para meditar? Si solo tengo una... ¿Dónde voy a dormir? ¿Dónde guardaré la ropa?”  Bueno, si no puede disponer de toda la habitación resérvese por lo menos un rincón. Cualquiera sea el caso, guárdelo solo para meditar. No hable de dinero o cosas frívolas allí; no de libre curso a palabras coléricas. Poco a poco esa habitación o ese rincón se volverá un lugar sagrado. Los escritos dicen que el lugar de la meditación debería ser tranquilo, limpio y fresco. Yo agregaría bien ventilado y, dentro de lo posible, silencioso. Si se siente profundamente atraído por algunos personajes espirituales (Jesús, Buda, Santa Teresa, Sri Ramakrishna), tenga una imagen de uno o dos de ellos. De lo contrario, el lugar deberá ser muy sencillo, incluso austero, no abarrotado de muebles y otras cosas. Tome por ejemplo la delicada sobriedad de las casas japonesas. A veces recibo catálogos que publicitan unos chirimbolos al parecer necesarios para la meditación. Debería tener un almohadón cósmico  mandala, sentarse en una pirámide, inhalar incienso de iluminación marca Visión Astral, etc.Para meditar no se necesitan elementos especiales. El único equipo realmente necesario es la voluntad y no se la puede comprar por correo. Lo ideal sería que toda la familia pudiera usar la misma habitación y meditar juntos; eso fortalece los vínculos. También es provechoso meditar con otras personas. Aunque no vivan en la misma casa, dos o tres amigos pueden reunirse para la meditación matinal y vespertina. Recuerden que Jesús dijo: “Cuando dos o más personas se reúnan en mi nombre, yo estaré presente”.

 

LA POSTURA

La postura correcta para la meditación es sentado derecho con la columna vertebral, la nuca y la cabeza formando una línea recta: no rígido y tenso como un poste, sino laxa mente derecho. Debe colocar las manos en un lugar donde las sienta cómodas. Encontrará que es una posición muy natural.

Si quiere sentarse en una silla de respaldo recto, use una con brazos. Como debe empezar a olvidarse de su cuerpo, no golpee con los dedos sobre la silla. También puede sentarse directamente en el suelo, sobre un almohadón, con las piernas cruzadas. No necesita tratar de imitar la posición clásica del loto, que la mayoría de las personas encuentra bastante agotadora. Su cuerpo deberá sentirse cómodo; pero no tan cómodo que le impida permanecer vigilante. En la meditación nunca dejamos de estar atentos y conscientes y deberemos corregir la postura de cuando en cuando ya que el cuerpo va perdiendo su alineación.

Quiero insistir en este asunto de la posición porque es muy fácil descuidarse. Durante la meditación la gente puede llegar a ignorar  lo que está haciendo su cuerpo. Algunos se retuercen de la manera más asombrosa. Una vez, en el campus de Berkeley abrí los ojos y vi a alguien sin cabeza meditando. Por un momento quedé estupefacto. Luego comprendí que en cierto modo, ese  compañero había logrado echar la cabeza hacia atrás por encima del respaldo de la silla, una proeza acrobática muy difícil. Después de la meditación se me acercó y me dijo: “Tengo un problema; estoy suspendido en el tiempo”.

“Mi querido amigo – pensé para mi- usted está suspendido en el espacio”. De manera que sin insistir en ello, contrólese alguna vez durante la meditación para ver si tiene la cabeza en su lugar, si no está retorciéndose, inclinándose, formando un signo de interrogación u oscilando hacia atrás y adelante. En particular cuando su mente huye del texto o se pone somnolienta o entra en un estado más profundo de conciencia, verifique en algún momento si mantiene una posición todavía correcta.

La vestimenta apropiada nada tiene que ver con la moda. Use simplemente.  prendas sueltas que le impidan sentir demasiado calor o demasiado frío. Lo adecuado es ropa que lo haga sentirse cómodo(a).

Recordatorio de la  Postura de Meditación

  • Sentarse sobre un cojín duro de poca altura.
  • Piernas en loto, medio loto, postura fácil o postura cómoda o sentado en una silla, ojalá con brazos.
  • Pelvis encajada (girada hacia arriba) para aplanar la zona lumbar.
  • Pecho abierto, hombros atrás y abajo.
  • Columna recta, coronilla proyectada al cielo.
  • Mudra a elección (Manos abiertas apoyadas en los muslos, o mano izquierda sobre derecha tocándose los pulgares).
  • Ojos cerrados, cuerpo relajado y atento.
  • Horas más efectivas : el amanecer y el atardecer. Cuando el día comienza y cuando el día descansa.
  • Orientación Norte o Este para mejor recibir las vibraciones magnéticas favorables.

 

¿COMO EMPEZAR?

Recomiendo empezar con la plegaria de San Francisco de Asís. Si ya conoce otro pasaje, como ser el salmo 33, le servirá lo mismo hasta tanto no haya aprendido esa oración. Pero a lo largo de los numerosos años en que me dediqué a enseñar meditación, comprobé que las palabras de San Francisco tienen un atractivo casi universal. A través de ellas palpita la sabiduría espiritual que este bondadoso fraile logró al emprender la tarea más asombrosa de la que es capaz un ser humano . La total transformación de su carácter, conducta y conciencia. Esta oración dice así :

 

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz

Que allí donde haya odio, ponga yo amor;

donde haya ofensa, ponga yo perdón;

donde haya duda, ponga yo la fe;

donde haya error, ponga yo verdad;

donde haya desesperación, ponga yo esperanza;

donde haya tristeza, ponga yo alegría;

donde haya oscuridad, ponga yo la luz.

 

Oh, Maestro, que yo no busque tanto

ser consolado, como consolar,

ser comprendid, como comprender,

ser amado, como amar;

porque es dando como se recibe;

es olvidándose como se encuentra;

es perdonando como se es perdonado;

es muriendo, como se resucita a la vida eterna.

Cuando uso palabras como “Señor” o “Dios” no me estoy refiriendo a un ser de barba blanca que gobierna desde un trono situado en algún próximo a Urano sino que aludo al verdadero motivo de la existencia, a la entidad más profunda que podemos concebir. Esta realidad suprema no es algo ajeno a nosotros, algo separado de nosotros. La llevamos dentro, en el meollo de nuestro ser; es nuestra verdadera naturaleza, más próxima a nosotros que nuestro cuerpo, más cara a nosotros que nuestra vida.

Después de memorizar el pasaje, siéntese y cierre suavemente los ojos. Frustramos el propósito de la meditación si miramos a nuestro alrededor, admirando el pájaro posado en el alféizar u observando el ir y venir de la gente. Los ojos, oídos y otros sentidos son algo así como artefactos con sus cables enchufados en la mente. Durante la meditación tratamos de arrancar los enchufes para poder concentrarnos más en la parte interior. Resulta difícil desconectar los sentidos; por ejemplo, dejar atrás el mundo de los sonidos. Hasta podemos llegar a pensar que no es posible, que todo está permanentemente instalado. Pero los místicos son un testimonio de que esos cables pueden ser desconectados y que, cuando lo hacemos, experimentamos una serenidad que no puede describirse con palabras. 

De manera que cierren los ojos, sin que esto les ponga tensos. Como el cuerpo debe estar relajado, sin rigidez, no es necesario ningún esfuerzo. La persona con más maestría para cerrar los ojos que he visto, es un bebé..... párpados cansados que se deslizan suaves sobre ojos cansados. 

El ritmo

Si ha memorizado la oración, está preparado para examinarla a fondo, palabra por palabra y muy, muy lentamente. ¿ Porqué lentamente ?  Creo que es Meher Baba, un moderno místico de la India el que explica :

Una mente rápida está enferma

Una mente lenta es profunda

Una mente sosegada es divina

Piense en un auto que marcha a toda velocidad, a ciento cuarenta kilómetros por hora. Es probable que el conductor se sienta exultante, poderoso, pero una cantidad de cosas pueden hacerle perder de golpe el control. Si circula a cincuenta kilómetros por hora, dominará el coche con facilidad; aunque algún otro haga una maniobra peligrosa, seguramente podrá girar para evitar una colisión. Lo mismo sucede con la mente. Cuando sus desesperados zumbidos disminuyen, aparecen la intencionalidad y el buen juicio, luego el amor y, por último, lo que la Biblia denomina “la paz que permite la comprensión”.  

Por lo tanto, dejemos pensar las palabras con lentitud. Usted puede agrupar breves palabras de ayuda con una palabra de fondo, de esta manera:

Señor..haz de mí.....un instrumento....de tu paz (dejando que resuenen en nuestro interior). La medida del espacio entre palabras es algo que cada cual debe resolver en forma individual. Deberían estar cómodamente separadas, con un amplio campo libre entre ellas. Si las palabras se juntan demasiado, usted no está haciendo funcionar su mente de un modo pausado.: Señor.haz.de.mi....

Si las palabras están demasiado separadas, no actúan en conjunto y pierden su sentido:

Señor                        haz de                    mí            un instrumento

Aquí “haz de” ha prestado su contribución, pero no progresa con el “mí”. Poco después surge alguna otra palabra o imagen o idea que llena el vacío, y el pasaje se diluye, se nos olvida, nos distraemos y nos desenfocamos.

Con un poco de práctica encontrará su propio ritmo. Recuerdo que cuando aprendí a conducir, hace muchos años, mi instructor trataba de enseñarme a utilizar el embrague. Yo no era un alumno demasiado dotado. Al cabo de una cantidad de frenadas con sacudones y paradas del motor, le pregunté si alguna vez dominaría esos pedales. El dijo: “Les tomará cariño”. Lo mismo sucede con las palabras: usted se dará cuenta intuitivamente cuando no haya suficiente espacio entre ellas o cuando haya demasiado.

Concéntrese en una palabra por vez y deje que se deslicen una a una en su conciencia, como perlas que caen a un estanque claro. Deje que caigan todas hacia adentro, pero una por vez. Por supuesto que esta técnica se va aprendiendo de a poco. No lo logrará en una semana. Durante un tiempo, cuando dejamos caer una palabra, ésta flota en la superficie sacudida por distracciones, imágenes irrelevantes, fantasías, preocupaciones, arrepentimientos y emociones negativas. Al menos nos daremos cuenta de cuán lejos estamos de poder dar a la mente una simple orden y que la cumpla.

Más tarde, tras una práctica asidua, las palabras caerán hacia el interior; usted las verá penetrar y llegar al fondo. No obstante, lleva tiempo. No espere lograrlo la semana que viene. Nada de lo que se alcanza con rapidez y facilidad, tiene valor; y aunque así fuera, dudo que alguna vez se mantenga.

Mientras espera que cada palabra caiga individualmente y de modo significativo en su conciencia, comprenderá que no existe discrepancia entre sonido y sentido. Cuando se concentre en el sonido (silencioso) de cada palabra, se estará concentrando también en el sentido del pasaje. Sonido y sentido son una sola cosa.  El hecho de tratar de visualizar las palabras (imaginándolas con el ojo de la mente o incluso tecleándolas mentalmente, como prefieren algunas personas) puede ayudar un poco al principio, pero después se convierte en un obstáculo. Trabajamos para “cerrar los sentidos” por un momento, y lo único que logra la visualización es atarnos al nivel sensorial de la conciencia.

Su cuerpo mismo puede tratar de participar en el acto. Recuerdo una señora que no sólo escribía mentalmente su pasaje, sino que también hacía correr sus dedos en forma inconsciente sobre un teclado imaginario. Otro amigo solía balancearse hacía atrás y adelante durante la meditación como si estuviera cantando en un coro. Vigílese de tanto en tanto para ver si no está desarrollando movimientos corporales superfluos.

Distracciones

Al estudiar el texto no haga ninguna asociación de ideas. Limítese a retener las palabras. A pesar de poner todo su empeño en ello, le resultará sumamente difícil. Comenzará a comprender lo tramposa que es la mente y hasta dónde es capaz de llegar para eludir su dominio.

Digamos que usted llega al final de la primera línea: “...un instrumento....de ….. tu paz”. Hasta aquí su atención ha estado pendiente del pasaje y no ha vagado en absoluto. ¡Excelente! Pero al caer en la palabra “paz”, la mente pregunta: “¿Quién es el Príncipe de la Paz?

Bueno, ha planteado una cuestión espiritual y usted dice:

-        Jesucristo

-        ¿ Sabes dónde nació el Príncipe de la Paz? - retruca ella rápidamente

-        Sí, en Belén

-        ¿Has oído hablar del Acero Belén?                                                Usted se confunde:

-        Oh, sí. En realidad mi padre tiene algunas acciones de esa compañía

-        ¡Ah, sí! - dice la mente - ¿Y cómo andan?

Ahora bien, se supone que usted está meditando en las palabras de San Francisco, pero continúa con ese absurdo diálogo. Ése es el tipo de cosas que realmente tiene que dejar afuera. No permita que su atención se desvíe de las palabras del texto inspirador. Si quiere reflexionar acerca de la bolsa, consígase un ejemplar del Wall Street Journal y estúdielo después. En ninguna circunstancia debe tratar de responder a preguntas o recordar cosas durante la meditación. Eso es precisamente lo que quiere la mente; tratar de escapar y enredarse en cualquier otra cosa.  Preguntas, dudas, diálogos, recuerdos, son todas trampas que nos pone la mente para no callarse y continuar su dominio sobre nosotros. La única estrategia es mantenerse concentrado en el pasaje, con la mayor intensidad y durante el tiempo que pueda. A veces resultará muy difícil.

Supóngase que la atención se le escapa por completo ¿ Que hacer?  En el fútbol, como usted sabe, algunos penales forman parte del juego; en la meditación debería aplicarse una multa cuando la atención comienza a indisciplinarse. Sea honesto y establezca las reglas desde el primer día. Diga directamente: “Lo siento mucho, pero si te apartas del pasaje, tendrás que volver al principio y empezar de nuevo”. 

La atención palidecerá al oír esto y por un momento vacilará en partir. Puede ponerse de pie, mirar a su alrededor, echarle una ojeada, quizá

demorarse en las proximidades de la puerta. Pero aún no debe aplicarle la multa; la puerta sigue cerrada, la atención no se ha ido. Mientras siga con el pasaje y no lo haya olvidado completamente, aunque existe esa división de la atención, no le aplique la pena; limítese a concentrarse más.

Pero cuando la puerta se abra, cuando la atención haya saltado a su auto deportivo y partido a toda velocidad, cuando se encuentre en un negocio de ropa, o en una librería, o en la playa, actúe con rapidez. Levántese y dele un amable golpecito en el hombro. Es probable que se intimide y diga. “Estás furioso conmigo, ¿no es cierto?

¡Una triquiñuela más, la muy astuta! Realmente  quiere que se ponga rabioso y empiece a rezongar, porque entonces no tendrá que volver al pasaje. Diga con perfecta cortesía: “Es un mal momento para ir en busca de un libro. ¿Tendrías la amabilidad de reunirte conmigo en la habitación donde estoy meditando sobre la oración de San Francisco? Y gentilmente vuelva a la primera línea: “Señor, haz de mí........ Si la fuga ocurre durante la segunda estrofa, empiece con el comienzo de esa estrofa. Es un trabajo duro, y la atención terminará por comprender.

Cuando paseamos a nuestro perro Muka por un camino de campo, a veces ve una vaca y se abalanza sobre ella para molestarla. Nosotros lo llamamos para impedírselo. Más adelante ve otra vaca y empieza a trotar hacia ella como al descuido, esperando que no nos demos cuenta. Volvemos a llamarlo: “¡Muka!”. Él vuelve, corriendo en círculos. Pero al poco rato algo le llama la atención de nuevo y se adelanta con cautela. Eso sucede todo el tiempo.

Lo mismo pasa al querer encauzar de nuevo la atención cuando se desvía. Pero aunque deba hacerlo muchas veces, no piense que es una actividad inútil, un esfuerzo desperdiciado. San Francisco de Sales lo explica así : “Aunque no haga nada durante toda la hora, salvo re encauzar la atención y colocarla en presencia del Señor, aunque se le haya escapado todas las veces que la trajo de vuelta, habrá aprovechado muy bien su hora”.  Entonces, también (a diferencia de Muka) su atención aprenderá. Hoy podrá haberla traído de vuelta 15 veces, quizá treinta. Pero dentro de tres años sólo tendrá que hacerlo unas pocas veces; a los seis, tal vez dos; y a los diez, ninguna.

En ocasiones la mente puede recurrir al viejo ardid del grabador. Usted está repitiendo correctamente: “Es dando, cómo se recibe”, cuando de pronto surge una versión distorsionada: “Es tomando como se recibe”. Si esto ocurre, no se agite tratando de detener con energía esa inoportuna banda sonora. Puede pensar que llegará a hacerlo con algún esfuerzo, pero en realidad solo amplificará esa voz que lo confunde. Al hacer hincapié en ello, al luchar contra ello, simplemente lo hace más poderoso. El mejor sistema es prestar mayor atención a las palabras positivas de la oración. Cuanta más atención les preste, más pasará inadvertida la versión distorsionada. Cuando ponga toda su atención en el pasaje, no podrá desconocidoviarla hacia otra cosa.

De manera que, cuando surja algo que puede distraerlo, ignórelo. Por ejemplo, cuando tome conciencia de ruidos a su alrededor mientras medita, concéntrese con más fuerza en las palabras del texto.  Durante un momento puede seguir escuchando el paso de los automóviles, pero llegará el día en que deje de oírlo.. Cuando me trasladé a Berkeley, vivía en una antigua casa de departamentos en una calle bulliciosa.

Mis amigos decían que nunca podría meditar allí. “No se oyen más que ambulancias, helicópteros y bandas de rock”, me advirtieron. Me senté a meditar a media luz y durante cinco minutos oí el estrépito. Después de eso podía muy bien haber estado en un rincón del desierto de Gobi.

El pasaje

Usted podría preguntarse por qué recomiendo un pasaje inspirado para meditar. Primero, sirve de práctica en la concentración. La mayor parte de nuestro poder mental está tan disperso, que es relativamente ineficaz. Cuando yo era niño, solía mantener un lente sobre un papel hasta que los rayos de sol se unían en un intenso haz y lo quemaban. En la meditación vamos enfocando la mente de a poco, de manera que, cuando tropezamos con dificultades, podemos eliminar las no esenciales.

Segundo. Comenzamos a parecernos y realmente nos convertimos en todo aquello en que ponemos nuestra atención. La gente que piensa y sueña con dinero tiene la mente impregnada de céntimos y dólares, acciones y propiedades, ganancias y pérdidas. Todo lo que ven, todo lo que hacen, está coloreado por esa preocupación. Lo mismo sucede con los que insisten con el poder, la venganza, el placer o la fama. Por ese motivo Buda comienza su Dhammapada con esta magnífica frase : “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado”. Y en la actualidad, a pesar de toda nuestra tecnología y nuestra ciencia, la gente es más insegura porque insiste en pensar en cosas que no son capaces de darle seguridad y va tras ellas.

Un pasaje inspirador conduce nuestros pensamientos hacia lo que es permanente, a esas cosas que ponen punto final a la inseguridad. En la meditación el texto se graba en nuestra conciencia. A medida que lo dirigimos más y más hacia lo profundo, las palabras toman vida dentro de nosotros, transformando todos nuestros pensamientos, emociones, palabras y actos. 

Por este motivo no hay que tratar de perfeccionar las palabras de la oración ni cambiarlas en absoluto. Tal como son, encarnan la sabiduría espiritual de San Francisco. Cuando Ali Baba quiso entrar en la caverna de los cuarenta ladrones, tenía la contraseña correcta. Pudo haber gritado: “Arroz salvaje, ábrete”, “Trigo triturado, ábrete”. Pero nada iba a suceder hasta que no dijera: “Sésamo, ábrete”. Medite sobre las propias palabras de San Francisco y verá que empieza a vibrar con el espíritu de generosidad y amor que éstas contienen.

En un principio es agradable repetir el mismo texto una y otra vez, pero con el tiempo las palabras pueden parecerle trilladas. Es probable que se encuentre repitiéndolas una y otra vez, sin detenerse en su significado. Le sugiero que seleccione y memorice nuevos trozos tradicionales del budismo, cristianismo, judaísmo, hinduismo y de la religión del islam, para poseer un repertorio variado. A medida que vaya memorizando un nuevo pasaje, conviene dedicar un tiempo a reflexionar en el significado de las palabras y su aplicación práctica a la vida. Pero no lo haga mientras está meditando.

Al elegir un texto asegúrese de que sea realmente inspirador. No se deje guiar por la belleza literaria o la novedad. Wordworth y Shelley pueden haber sido poetas extraordinarios, pero en cuanto a los pasajes utilizados para rehacer su vida,  le sugiero que recurra a las Escrituras y a los grandes místicos de la humanidad. Y evite la elección de textos negativos, con un severo y desvalorizador enfoque sobre el cuerpo, sobre nuestros errores o sobre la vida en el mundo. Queremos hacer surgir nuestra parte positiva, nuestro yo más elevado, y los pasajes deberían llevarlo a ser leal, compasivo y sensato.

Al final de este libro encontrará una lista de textos adecuados. Puede resultar conveniente tener una libreta con trozos escogidos para memorizar. Más adelante, cuando haya aprendido a concentrarse bien y necesite un mayor desafío, pruebe con una obra más extensa. Por ejemplo, encuentro que el Katha Upanishad es perfecto para meditar. Es extenso y complejo; tiene que acordarse de utilizarlo. Cuando fluye suavemente, haga de cuentas que está recorriendo un carril en una carretera de seis, siendo un conductor tan experto que apenas tiene que mover una mano.

Una vez fui con un viejo amigo a una reunión en las montañas. El camino estaba lleno de curvas y me impresionó su manera de conducir. En la India había visto a los conductores arremeter aferrados al volante con expresión corva. Pero mi amigo tomaba cada curva con un fácil giro del volante, dejándolo volver por si solo. - Es asombroso – le dije - ¿Cómo te las arreglaste para aprender esto? - Las máquinas me obedecen – fue su concisa respuesta. 

Es una buena analogía con la mente disciplinada en la meditación. Cuando nos concentramos totalmente en el texto, la mente nos obedece. Hará el giro necesario. Conocemos el camino, las curvas, los precipicios, y lo que en un principio nos intimidaba, se convierte en la satisfacción de su dominio.

Somnolencia

Sin duda se habrá dado cuenta usted de lo tenso que se pone cuando está inquieto, y que relajante resulta concentrarse en algo. En la meditación, por ejemplo, encarecemos la concentración profunda. Pero esto trae implícita una dificultad que lo acompañará durante mucho tiempo. Con la relajación surge la tendencia a caer dormido. A medida que mejora la concentración y el sistema neuromuscular comienza a relajarse, puede invadirlo una oleada de somnolencia. Una beatífica expresión se extiende por su rostro y comienza a cabecear, eso es todo.

Una vez, después de haber estado meditando conmigo, alguien sentado junto a mí me confió : “¡Realmente fue buena mi meditación de esta noche!”. Yo no la habría llamado buena sino audible, sin lugar a dudas. Lo que pasó es que estuvo alrededor de veinticinco minutos totalmente dormido.

Así es que ahora tengo que decirle algo desagradable En cuanto el sueño comience a acecharlo, justo en el momento en que empieza a sentirse realmente bien, apártese del respaldo de su asiento y deje que la ola de somnolencia pase por encima de su cabeza. No se rinda. Al primer signo de sopor levántese, mantenga derecha la columna vertebral y preste más atención aún al texto. Eso no resultará divertido. Pero si se dice: “Gozaré de unos minutos de esta deliciosa somnolencia y luego........”, bueno, en pocos minutos no será capaz de hacer nada al respecto.

Quizás tenga que resistir largo tiempo al sueño. Pero si no empieza a resistir ahora, siempre que lo invada el sopor, tendrá un problema después. Luego, cuando al meditar entre en las profundidades del inconsciente, no podrá permanecer vigilante. He visto gente que medita con la cabeza caída sobre el pecho, y así resulta muy difícil resolver el problema. Si desde los primeros días puede mantenerse despierto hasta el final de la meditación, podrá descender desde el nivel superficial directamente al inconsciente y pasearse por él con completo conocimiento.

De modo que, siempre que empiece a sentir sueño durante la meditación o las palabras le parezcan borrosas o se le escapan  póngase de pie. Quizá sea necesario repetir esto una y otra vez. Si continuara sintiéndose incapaz de disipar la somnolencia, abra los ojos y continúe con el pasaje o repita el mantra durante uno o dos minutos. Pero no deje vagar los ojos, o  su mente también vagará. Ayuda quizás a enfocar la atención para no distraerse de la meditación la imagen de un gran místico o maestro espiritual que le resulte inspirador.

Por supuesto, debo suponer que ha tenido su cuota legítima de descanso durante la noche anterior. Si no es así, sin duda lo vencerá el sueño durante la meditación.

El problema del sueño puede llegar a ser angustioso, pero también es tranquilizador. Significa que su sistema nervios a comenzado a relajarse, que el ritmo febril de la mente empezó a aquietarse y que se le están presentando nuevos desafíos.

Sensaciones físicas

La meditación que se profundiza y los cambios fisiológicos que acompañan a este proceso exigen un organismo que funcione bien en todo momento. Debemos hacer todo lo posible por convertir nuestro cuerpo en un buen aliado. Debemos darle lo que necesita: un adecuado descanso todas las noches, comida sana y nutritiva en cantidades razonables y mucho movimiento. Por ejemplo, sin un equilibrio entre la actividad física y la meditación podemos volvernos irritables o desasosegados. El ejercicio (jogging, natación, ascensión, trabajo duro y cosas por el estilo para la gente joven, y caminatas para casi todo el mundo) puede ayudar a resolver algunos de los problemas que surgen cuando se vuelve a la conciencia.

Quisiera prevenirlo sobre algunas pequeñas molestias con que se puede tropezar durante la meditación. Cuando se siente, la mente puede ponerlas en fila y decir: “Bien, muchachos, ahí vamos. ¡ Ahora, de a una por vez!”. Entonces las sensaciones extrañas desfilan ante usted: siente que se le hincha el pie izquierdo, siente que una criatura sube y baja por su columna; se siente algo mareado, nauseoso, tiene picazón, algo que lo aprieta, y saliva en abundancia. Por lo general esas sensaciones son sólo estratagemas de la mente que se resiste a ser sometida a control. Quiere distraerlo, y utilizará esas triquiñuelas. Las normas del Marqués de Queensberry aquí simplemente no se aplican. Si dice: “No es justo”, la mente responderá: “Qué significado tiene esa curiosa palabra: justo ?”.

Nunca permita que esas molestias se conviertan en una excusa para saltarse la meditación. Si lo hace, el día siguiente será más duro aún, porque la mente ha ganado un round. Cuando lo perturben sensaciones extrañas, es conveniente:

 

  • dar un corto y animado paseo antes de meditar
  • asegurarse de que la habitación donde medita está ventilada
  • usar ropa suelta
  • hacer mucho ejercicio durante el día.
  • evitar habitaciones muy calefaccionadas y ropa demasiado abrigada
  • no permitirse el lujo de estimulantes
  • dormir de noche con la ventana abierta
  • beber líquido en cantidad (los jugos de fruta y yogures bebibles son especialmente adecuados)

Si sintiera demasiado calor, le sugeriría también:

Haga lo posible por no detenerse en esas sensaciones; trate en cambio de enfocar su atención en las palabras del texto. Cuanto más se concentre, verá que esas molestias desaparecen. Pero si le silban los oídos y usted empieza a golpearlos, le silbarán más fuerte aún.

Si está meditando con otras personas, sus estornudos y toses (y sus primos hermanos los bostezos, hipos, resuellos y bufidos) no sólo le incomodan a usted, sino también al resto de los participantes. Un estornudo, y la meditación de todos quedará interrumpida por un momento. Haga lo posible por minimizar esos estallidos respiratorios y guardar silencio. De la misma manera, es un acto de consideración, un acto espiritual, entrar y salir de la habitación donde se medita, en silencio, a fin de no perturbar a los demás. Haga girar suavemente el pestillo de la puerta y salga en puntas de pie; ubique si almohadón y doble su manta, si tiene una, sin hablar y con cuidado. Y sea discreto al sacar a alguien de la meditación. No lo haga a menos que surja una necesidad imperiosa (y si tuviera que interrumpirla, no se acerque a esa persona hablando en voz alta o sacudiéndola enérgicamente), puede resultar un gran shock para su sistema nervioso. Quizás le baste con tocarla con la levedad de un ave y esperar unos instantes para que ella tome conciencia de su presencia.

Durante la meditación puede que necesite cambiar la posición de los brazos o las piernas porque se le están durmiendo o porque siente cierta fatiga, calambres o tensión en ellos. No conviene ser demasiado complaciente y desplazarlos ante la menor incomodidad, pero llegará un momento en que sea preciso modificar la posición. Esto también debe hacerse en el mayor silencio posible y sin cambiar su postura vertical. Si al final de su período de meditación descubre que se le han dormido las piernas, debe permanecer unos minutos sentado y masajearlas suavemente en lugar de levantarse. En realidad, diría que nunca es conveniente levantarse de un salto después de la meditación, en especial si es principiante, porque las piernas pueden habérsele dormido sin que se diera cuenta.

Peligros de la meditación

Durante la meditación pueden activarse fuertes emociones. A veces alguien puede sentir miedo de pasar de un nivel superficial de conciencia a otro más profundo. Si esto le ocurriera, abra un minuto o dos los ojos y repita mentalmente el mantra. Luego ciérrelos de nuevo e reitere el texto. Si vuelve a invadirlo el temor, repita el proceso. También lo ayudará tener cerca la imagen de un gran místico.

La persona que medita, por otra parte, puede verse invadida por oleadas de emoción positiva. Algunos se sienten tan conmovidos que lloran. Ese escape de emoción contenida puede ser muy beneficioso. Pero se convierte en un obstáculo si usted insiste en ello, se excita y corre a contárselo a todo el mundo. Un gran místico católico advierte a quienes gozan con esta emoción que corren el riesgo de convertirse en abejas presas en su propia miel. Cuando usted avanza en su estado de concentración sobre el texto, incluso durante el acceso de la emoción, su meditación se profundiza enormemente

En páginas anteriores mencioné los innumerables trucos y distracciones de la mente, y aquí puedo agregar uno de los más ingeniosos: tentarnos con estímulos internos. Usted puede ver luces, algunas brillantes quizás, u oír sonidos. Esas cosas fascinan a algunas personas, y terminan hipnotizadas por los estallidos de luz, por los colores y formas. Relajan su dominio del texto y se detienen para mirar el espectáculo. ¡Es justo lo que quería la mente! Ese empresario organizará infinitos espectáculos si usted se complace en detenerse a mirar tontamente.

Podemos ver los más hermosos fuegos artificiales internos y seguir estando impacientes en nuestra vida cotidiana. Y podemos progresar mucho en la senda espiritual sin haber tropezado nunca con esos fenómenos. Por lo tanto, vea lo que vea (luces, rayas, colores, formas, rostros, árboles) no se detenga a prestarles atención y concéntrese más en las palabras.

Entrar en lo más profundo de la conciencia es como bajar a un sótano. Se han dado experiencias cautivadoras, que también pueden ser impresionantes y algunas hasta desorientadoras. De la misma manera como el espeleólogo utiliza una soga para deslizarse hacia abajo, la soga del salvamento de quien medita es el texto. No importa lo que ocurra durante la meditación, nunca pierda de vista el texto. Él lo guiará a través de todas las siuacions. Si abandona de todos modos las palabras por un segundo, vuelva a ellas de inmediato.

Una última advertencia: no trate de conectar el texto con alguna función fisiológica, como el pulso o el ritmo de la respiración. Esa conexión puede ser beneficiosa en un primer momento, pero después causa seriorproblemas.. Cuando usted pone toda su atención en el pasaje, su ciclo respiratorio naturalmente se retarda y todas las funciones corporales comienzan a trabajar en armonía, no hace falta forzarlas.

Renovar nuestro compromiso

Para progresar en la meditación, deberá practicarla en forma regular. Algunas personas se entusiasman al principio, pero cuando en pocos días la novedad decae y comienza el trabajo difícil, su ardor se apaga y desaparece. Retroceden, posponen, dan excusas, se sienten tal vez culpables y a la defensiva. Es aquí precisamente donde se pone a prueba nuestra voluntad, donde quizá nos preguntemos: “¿En verdad quiero superar mis problemas? ¿Reivindicar mi patrimonio de alegría, amor y paz espiritual? ¿Quiero descubrir el sentido de la vida y de mi propia vida ?

Existe una sola falla en la meditación: a veces no se es consecuente con ella. Un proverbio hindú dice : “ Omítela una mañana y necesitarás siete para recuperarte”. O como manifestaba San Juan de la Cruz : “El que interrumpe el curso de sus ejercicios espirituales y plegarias, es como aquel que permite que un pájaro se le escape de la mano; difícilmente podrá volver a atraparlo”.

Considere su meditación como la prioridad número uno y todo lo demás como segundo; comprobará que todo el resto se enriquece. Aunque esté en un avión o en su cama de enfermo, no deje que esa circunstancia se atraviese en el camino de su práctica. Si está acosado por angustias personales, lo más importante de todo es practicar su meditación; liberará los recursos que necesita para resolver su problema.

Para progresar en la meditación no sólo tenemos que ser sistemáticos sino también sinceros. Eso de sentarse y llevar a cabo procesos mentales con poco entusiasmo, no funciona. Es preciso renovar nuestro entusiasmo y compromiso diario y poner constantemente en ello lo mejor de nosotros. El éxito será para aquellos que perseveran, caminando cuando no pueden correr, arrastrándose cuando no pueden caminar, no diciendo nunca: “No puedo hacer esto”, sino: “Seguiré tratando de hacerlo”.